Teherán niega que sus instalaciones nucleares hayan sufrido daños significativos tras los recientes bombardeos israelíes, aunque no descarta la posibilidad de una fuga de radiación. Así lo afirmó Ali Bahreini, embajador iraní ante las Naciones Unidas en Ginebra, quien aseguró que las plantas clave, como la de Natanz, permanecen operativas gracias a las medidas de seguridad implementadas previamente.
“Nos hemos preparado para estos ataques, somos un país eficiente y hemos logrado controlar la situación”, sostuvo el diplomático, al tiempo que reconoció daños en infraestructura civil, especialmente en los servicios de agua y energía.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), por su parte, confirmó afectaciones en varios complejos nucleares, incluyendo la destrucción parcial de áreas externas en Natanz y daños importantes en el suministro eléctrico. En Isfahán, imágenes satelitales revelaron impactos en cuatro estructuras, entre ellas una planta de conversión de uranio.
Pese a la magnitud de los ataques, el OIEA afirmó que no se han detectado aumentos en los niveles de radiación ni afectaciones en zonas habitadas. Sin embargo, advirtió que atacar instalaciones nucleares representa un riesgo grave para la seguridad regional y ambiental.
Los ataques israelíes, enmarcados en la “Operación León Naciente”, han dejado al menos 224 muertos, incluidos nueve científicos nucleares. Aunque Teherán mantiene silencio sobre el verdadero alcance de los daños, algunas fuentes indican que el país podría retomar conversaciones nucleares con Estados Unidos, sin descartar una eventual represalia militar.