El gobierno de Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha formalizado la disolución de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), en línea con significativos recortes a la ayuda exterior. El Departamento de Estado notificó al Congreso su intención de transferir ciertas funciones de USAID a su jurisdicción antes del 1 de julio y eliminar aquellas que no se ajusten a las prioridades de la administración.
USAID, establecida en 1961, manejaba un presupuesto anual de aproximadamente 42,800 millones de dólares, representando el 42% de la ayuda humanitaria global. La decisión de desmantelar la agencia ha generado críticas tanto a nivel nacional como internacional, con preocupaciones sobre el impacto en programas de asistencia humanitaria y desarrollo. El secretario de Estado, Marco Rubio, argumentó que USAID se había desviado de su misión original y enfatizó la necesidad de reorientar los programas de asistencia exterior para alinearlos con los intereses de Estados Unidos.
La medida también ha suscitado inquietudes sobre la influencia global de Estados Unidos en áreas donde la ayuda de USAID ha sido fundamental. Analistas advierten que la reducción de la presencia estadounidense en programas de desarrollo podría abrir espacio para que otras potencias, como China, amplíen su influencia mediante iniciativas como la Franja y la Ruta.